MENORCA

   

 

 

 

 

HOY CANTO A OTRA ISLA

 

Elevo mi mirada a los cielos buscando algo de luz, encuentro la calma en los luceros que titilan, ellos me hablan de otra isla, otra isla hermana. Recojo unos rayos y los esparzo por los suelos, me dibujan el nombre con su fulgurante luz.

 

Hoy os hablo de otra isla, los astros con su aliento empañan el cristal de mi alma, con mi debo dibujo la silueta y grito su nombre a los cielos:

 

MENORCA

 

En las profundas lagunas de mi ser palpita el nombre, al mismo tiempo mi cuerpo ya no obedece a mi mente, agarro esa vieja maleta que recorrió conmigo otras tierras, otros pueblos, otros continentes…

 

Hoy dirijo mi canto a otra isla, mientras surco los aires sobre el azul Mediterráneo, las fieras que anidan en mi alma rugen con vehemencia el nombre.

 

HOY CANTO A OTRA ISLA,

HOY ESCRIBO A MENORCA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HOY CANTO A OTRA ISLA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Florece en mi corazón,

se configura en un momento

la idea pura de la belleza,

es éste mar que abraza la isla,

esta isla abrazada por éste mar,

son estas islas mojadas por este mar.

 

El polvo estelar que anoche anidó en mi alma

hoy es liberado en esta otra isla,

haciendo de las horas de mi estancia

un breve e intenso momento

incapaz de ser borrado de los rincones de la memoria.

 

Hoy en éste lugar creado

solo para las pupilas de belleza impregnar

esparzo mi polvo estelar

sobre los firmamentos infinitos del papel.

Hoy canto a otra isla

MAHÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Destilando las horas,

al igual que se destila el gin de la isla

abro mi mente a éste puerto,

penetra en mi la luz.

 

Siento que crezco

y me elevo sobre los mares,

soy un acantilado soportando hogares,

extiendo mi sombra sobre las aguas

mirando éste puerto que yace en mi corazón

desde la noche en que las estrellas

poblaron mis adentros de su luz.

 

Puedo abrazar luz y mar.

¿Quién me lo impide?

Hay en esta agua

teñidas de calor a hogar

la magia suficiente para lograr el milagro.

 

Adivino un rincón en este puerto,

lo dibujo sobre su suelo

y allí me siento viendo las horas pasar.

Pero, aquí no existe el tiempo,

hay lugares que han nacido para la eternidad.

 

CIUDADELA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién es capaz de detener un latido?

Abro mi corazón a otro puerto,

dejo que la belleza penetre en él,

sacude mi interior, devora mi alma,

anida en mi ser.

 

Los suelos son una alfombra para mis pies,

la ciudad el regalo a mis ojos,

la rosa que florece junto a los mares

deshojándose sobre las aguas

poblando las crestas de las olas

del polen de la pasión.

 

¡Oh, ciudad!

Forjada de mareas,

ventana a los mares,

de tus suelos brotan tiernos manantiales,

ciudad poblada de insoportable belleza,

ciudad mediterránea con aroma a mar.

SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL TORO

 

Cuadro de texto:  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Monte a la vista!

Gritaron los marineros.

 

Cumbre poblada de luz,

cuevas habitadas por vírgenes,

senderos luminosos que acaban

en las cuevas donde la madre eligió su hogar.

¡Es la visión de los frailes!

 

Solo en la cumbre más alta

podría la virgen habitar.

Nuestra Señora del Toro,

reina de los aires,

pobló la cueva de luz,

subió al monte,

allí estableció su hogar.

 

Junto a Cristo pierdo mi mirada en la distancia,

hoy en éste, el monte mas alto,

de la isla hermana,

junto a Cristo observo la otra isla,

la isla a la que llamo hogar.

Hoy junto a mis hermanos menorquines,

desde su monte más alto,

junto a su madre y su Cristo,

veo la isla que es mi hogar,

y veo también, los rincones más hermosos,

de esta, su isla, a la que considero también hogar.

 

Junto a mis hermanos, canto a su isla,

a su monte, a su madre,

en definitiva, junto a mis hermanos,

canto a estas cuatro islas,

a las que llamamos hogar.

 

Desde un lugar santo,

ebrio de gin,

destilado en las barricas del alma,

canto a una isla,

a una madre, a un hogar… 

 

LAMIENDO COSTA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Qué difícil es exprimir el corazón de las aguas

para teñir el papel de belleza!

 

Tan sólo exprimir la lágrima de la mirada

para verterla en los mares,

o dejar que la última ola

muera en la bahía de los ojos

para inundar de belleza todos los sentidos.

 

Andar hasta el ocaso,

para dejar que el sol muera tras las aguas,

es el espectáculo para el elegido,

para aquel que lamiendo costa

se aventure hasta más allá

de lo permitido a los sentidos,

lamiendo costa hasta abrazar las mareas,

inundar el alma de lo no permitido,

inundar el alma de aguas silenciosas

que ahogan toda visión,

dejar que la tempestad de los mares

se aloje en los senderos recónditos del corazón

y estalle en verdadera orgía para los sentidos.

 

Lamiendo costa,

caminar abrazado a olas,

asido a las mareas,

compañero de ocasos y albas

que enturbien la mente

del licor destilado por los mares.

Morir y volver a nacer

en lejanas calas,

besando acantilados,

lamiendo costa…

 

CANTERAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Asombroso!

Una mirada al trabajo humano,

horas bajo el sol,

arañando la roca,

extrayendo de la entraña de la madre tierra

la piedra que ha de ser su hogar.

 

Ejércitos de bravos guerreros,

sin agua y cubiertos de polvo

librando la dura batalla de arrancar,

tras una dura batalla,

a la madre tierra,

granito a granito

los cimientos de su hogar.

 

Morderán el polvo,

dejarán parte de sus callosas manos

enterradas en el polvo,

sus entrañas arderán de sed,

ellos impasibles librarán la dura batalla,

la insoportable estancia

entre rocas y polvo,

bajo un sol abrasador,

ellos conocen la dura entraña de la tierra,

ellos trabajaron en las canteras…

 

 

 

 

 

UNA MIRADA AL TALAIOT

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy de nuevo abro mi alma a la prehistoria,

destilo las gotas de mi sangre en honor

de aquellos que poblaron la tierra

de la pesada roca ciclópea.

 

Hoy de nuevo vuelvo mi mirada al talaiot,

a la gran piedra levantada en estos suelos.

Con dolor y rabia grito:

 

“¿Dónde andarán aquellos fieros que amaestraron la roca?”

 

y con gran alegría os digo:

 

“Yo de niño también manejé la honda”

 

Aunque de aquella raza tan sólo

os puedo mostrar sus restos.

 

La verdad, de recuerdos no se vive,

pero me agrada mostraros la gran roca

que manchada de sudor levantaron aquellos ancestros.

 

Y con mi mirada fundida con el talaiot

canto de nuevo a la fiera raza

que amaestró la piedra.

 

 

- Tomeu Adrover- (Mallorca)