IBIZA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DE NUEVO JUNTO A LAS OLAS

 

Una vez más junto a otro de mis silencios, sentado en la playa mallorquina, escuchando de nuevo las olas, su sabios relatos, los ricos secretos de los tiempos encerrados en las espumas que rompen y se esparcen sobre las arenas.

 

Acojo en mi corazón uno de sus estruendosos bramidos y dejo que esparza junto a mi sangre por todos los rincones más remotos de mi organismo ese leve rumor que todos escuchamos y soportamos junto a los terribles sollozos de los mares.

 

Ebussus, colonia Púnica, fundada en el 654 A.C. me espera, junto a calas de aguas cristalinas de la isla hermana pasaré unos días junto a nuevas olas, nuevos rumores, nuevas historias…

 

Subiré al monte, en la cueva junto a Tanit y Reseph-Melkart respiraré el aire mas puro y dejaré que distantes verdes aguas mueran en mis ojos.

 

Quedará en mi paladar el sabor de la belleza eterna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PITIUSA

 

 

Realmente necesito ese fulgor,

el verde del pino

reflejado en las claras aguas

bajo un sol que exige

que la ola lama la roca.

 

Así albas y ocasos son más puros

donde la aguja del pino se clava en las aguas,

donde corazones escuchan los lamentos de la ola

que se desangra ante el mortal aguijonazo.

 

Las sirenas acuden a aquellas calas solitarias,

pereciendo embarrancadas en sus arenas

al no poder resistir el embrujo de éste llanto amargo.

 

Las olas abandonan la sombra del pino

tras haber jugueteado con la deliciosa imagen,

debo confesar que algunas regresan

incapaces de resistir el encanto.

 

Debo confesar que he pasado horas

bajo las sombras de aquellos pinos

junto a las aguas de cristal,

debo confesar que yo también embarranqué

en alguna de sus calas,

y debo confesar que yo también casi perezco

en esta, la pitiusa,

la isla de los pinos.

 

  

IBIZA

 

 

Cada minuto transcurrido en tus calles,

desde “Dalt Vila” hasta “Puig des Molins”,

mas de 2500 años pasan ante mis ojos.

 

Rodeado de casas blancas,

blancura y pureza me deslumbran,

luego dirijo mi mirada a las aguas

y quedo sin visión.

 

Obra cumbre de la historia,

que junto a las silenciosas aguas aguardas,

poblada de tus propios silencios,

que llegue el canto del poeta

y atrape la silueta de tu luz,

y que extendiéndola sobre el espejo del papel dormido

despierte al mundo en un destello cegador.

 

Caerán esas luces sobre mi alma,

caerán sobre las vuestras

e incapaces de resistirlo

nombraréis a Ibiza,

la ciudad de la luz.

 

Debo liberar en unas líneas

los espacios innombrables de mil tiempos,

definir en unos versos miles de latidos,

y la verdad, no puedo,

para creerlo hay que verlo.

 

La belleza tiene nombre:

IBIZA

 

  

FARO DE ILLA GROSSA

 

 

Se me encoge el corazón

ante esta maravillosa obra,

un solitario faro sobre la pequeña gran isla

esparce sus destellos sobre las mediterráneas aguas.

 

El día que cubre de su luz la dorada costa,

la noche que escapa a toda visión.

¡Oh! La oscura noche que todo lo oculta,

Él con sus destellos todo lo desvela.

 

Amo y guardián de las aguas,

te alzas en medio de la bahía

disolviendo toda sombra.

Tu luz ha abrazado embarcaciones,

tu luz ha abrazado la ciudad,

 tu luz abraza hasta la catedral sobre la colina.

 

Has bendecido con tus destellos

las mil noches de éste puerto,

tu luz se ha sumergido en esta aguas,

hasta de un asombrado pececillo su nariz has acariciado.

 

Tus destellos y las olas,

El feliz maridaje de la luz y las aguas.

 

  

 

SANT ANTONI

 

 

Extiendo mi cántico hasta la otra costa,

mi sangre no me dejaría

dejar de hablar de esta otra bahía,

a la cual llegué

tan sólo para ver un ocaso,

sentir el inmenso placer de impregnar

mis pupilas de los últimos destellos

de un sol que se oculta tras las aguas.

 

Pero antes caminé por las arenas,

abracé con mi paso toda esta costa,

subí por la avenida hasta tomar una calleja

para ver la blanca iglesia.

 

Después caminé hasta aquí

para dejar que el fuego unte mis ojos

para al final perecer en las aguas.

 

 

SANTA EULARIA

 

 

Hincho mi pecho de aire,

hoy canto a este otro lugar

donde las aguas de un pequeño río

mueren en la mar.

 

El rostro de la playa

poblado de mil arenas doradas

y las aguas deseosas del río

que juguetonas fecundan

el inquieto corazón de las olas.

 

Ando junto a ese río

hasta llegar al viejo puente,

allí junto a los cantos de la aves,

en algún salvaje ritual,

veo como la piedra

dibuja su figura sobre las aguas.

 

¿Cuánto tiempo lleva el puente abrazado al río?

Tal vez tanto que hundió sus raíces en las aguas.

 

Al regresar le hago guiños a las aguas,

estas me sonríen,

y en un último destello

tratan de detenerme.

 

Me tienta la idea,

Pero, hoy se que no es aquí donde voy a echar mis raíces.

     

DE COSTA A COSTA

 

 

Si naces en una isla

a la fuerza has de amar los mares.

Yo que me he criado junto a ellos

y he pasado una buena parte de la niñez

en sus revoltosas aguas,

debo seguir mi camino por esta isla

de costa a costa,

amar todas sus calas,

ver todas sus islas,

y desde el acantilado mas alto

debo pegar el grito mas salvaje.

 

Debo andar toda su costa

y entre playa y playa

detenerme a fumar un pitillo

dejar que el mar que anida en mi

se empape de estas nuevas aguas.

 

Debo tatuar en mis venas

el nuevo jardín de espumas

que hoy anida en mi ojos.    

 

 

NO PUEDO ACABAR MI CÁNTICO…

 

 

No puedo acabar mi cántico

sin cantar a estos árboles,

estas blancas iglesias,

estos blancos hogares.

 

No puedo acabar mi cántico

si no subo al monte mas alto,

o sin pisar el más profundo de sus valles,

sin visitar el mas remoto pueblo,

sin andar su mas tortuoso camino.

 

No puedo acabar mi cántico

sin lanzar un grito a los aires,

sin beber el más dulce

y el más amargo de sus licores.

 

No puedo acabar mi cántico

sin saborear lo más delicioso de sus manjares,

sin haber probado la delicia de su noche,

sin saber como son sus danzas.

 

No puedo acabar mi cántico

sin decir que cuatro días son pocos

para saborear las delicias de una isla.

 

 

                   - Bartolomé Adrover - Mallorca