EL CUPÓN

 

 

Todo comenzó el día anterior, cuando le tocó el cupón de la once. 300.000 €. para ser exactos. Eusebio,  que nunca vio más de 100 € juntos, creyó enloquecer cuando fueron saliendo los números, uno tras otro, en el mismo orden que él los estaba leyendo en el trocito de papel de colores que tenía en la mano.  El grito de alegría debió oírse en toda la comunidad, pero como eran unas viviendas bastante ruidosas nadie le dio importancia.

Cuando se serenó un poco empezó a congratularse de que no hubiese nadie en casa en ese momento. Su mujer se había ido con los hijos al cine, bastante molesta, todo hay que decirlo, por su negativa a ir con ellos. Como siempre empezó a despotricar contra él, llamándole mal padre, mal marido y mil epítetos más.  Se iba a enterar la bruja… ni un euro iba a ver de aquel dinero. Al fin y al cabo, lo había comprado él y no pensaba compartirlo.

Por una vez iba a hacer lo que le diera la gana y darse todos los gustos que le apetecieran; el primero sería perderla de vista,  a ella y a los molestos hijos; por lo menos por un tiempo. Luego ya se vería.  

Aprovechándose del enfado, escribió una nota:  Maruja, esta vida es insoportable. Las peleas son diarias y un mal ejemplo para los niños; creo que seréis más felices si me alejo de vosotros. Cuando esté instalado, ya sabréis de mí. Adiós.

Buscó un hotel de cinco estrellas y se dispuso a pasar la noche cómodamente instalado viendo películas porno de pago del canal satélite. De todas maneras no podría dormir – pensó- no estaré tranquilo hasta que no lo deje depositado en el banco.

La película comenzó y Eusebio, que no perdía detalle,  se preguntó dónde estaban esas mujeres tan perfectas en la vida real, porque él no había visto jamás ninguna… ¡le estaba entrando un calorcillo por el cuerpo!

Vamos, Eusebio, que es tu oportunidad. Ahora o nunca. ¿Porqué no encargas que una mujer de bandera, de las que salen en las películas, venga al hotel para hacerte compañía? Anda, hombre, que te lo puedes permitir. No seas tacaño – insistía la vocecita una y otra vez- llama a recepción, seguro que te podrán ayudar si les ofreces una propina generosa.

Pero es que aún no he cobrado el cupón, joder –respondió en voz alta a la vocecilla incordiante- mañana, puedo esperar a mañana.

No seas tonto, Eusebio,  lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana. ¿Y si te da un telele esta noche? Vamos, te mueres sin cobrar y sin catar. Aprovecha la ocasión. Después de todo, si le dices que la contratas por el doble pero que cobrará como muy tarde a las 9,  seguro que accede.

Sin poder resistirse más y con los gemidos que salían de la televisión colándose en su cerebro, llamó a recepción y con voz tímida hizo la pregunta. El recepcionista debía recibir a menudo encargos de ese tipo porque no se extrañó en absoluto y le garantizó un servicio de lujo en media hora.

Temblando de ansiedad, la media hora se le hizo eterna y cuando oyó los golpes suaves en la puerta de la habitación, casi se cae de la cama, en su precipitación por abrirla. Cuando lo hizo,  se quedó con la boca abierta ante la figura de la divinidad que acababa de llegar.

¡Hola! Soy Vanesa. Creo que has solicitado mis servicios ¿verdad?. 

Sí, sí, lo he hecho. Me llamo Eusebio. Pasa, pasa.

No sé si Mauricio te ha dicho mi tarifa:  son 2.000 €. por adelantado. Tal vez te parezca mucho, pero te garantizo que vale la pena. Te voy a transportar al cielo.

Bueno… verás, no he querido comentarlo con el recepcionista, no te voy a poder pagar por adelantado. Te explico, acaban de tocarme 300.000 €, pero no los puedo cobrar hasta mañana a las 8, cuando abran los bancos. Lo que pasa es que estoy solo y pensé que tenía que celebrarlo y bien… si aceptas, te pagaré el doble.

Vanesa se echó a reír y dijo: ¿crees que soy idiota?

Noooo, mira, mira, lo tengo aquí, te juro que es verdad. No te miento. Si quieres, consulta por teléfono el número que ha salido esta noche.

Ella cambió la expresión y se fue hacia el teléfono. Preguntó y le dieron la información. A partir de ese momento, todo fueron mieles. La pasión casi se podía cortar, de lo densa que se sentía. Al cabo de una hora le susurró al oído ¿valgo lo que vas a pagar?

Y más, mucho más. Eres maravillosa.

¿Confías en mí?

Eusebio movió la cabeza afirmativamente una y otra vez.

Déjate hacer y no preguntes. Te aseguro que no lo olvidarás nunca.

Eusebio se estremeció. Se le puso todo el vello del cuerpo de punta ante la perspectiva.

Vanesa sacó un pañuelo y suavemente le vendó los ojos. ¿Ves algo? No, nada.  ¿Seguro? ¿No me engañas?

No te engaño, no veo nada, pero te siento muy cerca, huelo tu piel.

Dame una mano. Vanesa ató su muñeca con un pañuelo al cabezal de hierro de la cama.

Ahora la otra. Repitió la operación con la otra muñeca.

Después empezó a besarle por todo el cuerpo y a pasearle algo por la piel, como una pluma, o cosa parecida. Siguió y siguió y Eusebio ya no sabía ni donde estaba.

Ahora viene lo mejor – oyó que le decía bajito – espera un momento que voy a prepararme para el siguiente numerito, cariño.

No tardes, querida, no tardes. Espero con impaciencia.

Al cabo de unos minutos, volvió Vanesa. Eusebio notó algo muy frío por todo el cuerpo y como ella iba bebiendo de él. ¿Quieres un poquito, niño malo? ¿Tienes sed? Le puso una copa en los labios y le dio de beber. Era cava. Un fresco y delicioso cava. Se bebió la copa entera y al poco rato comenzó a sentirse lacio, sin fuerzas, los ojos se cerraban bajo el pañuelo y enseguida se durmió como un bendito.   

 La policía lo encontró desnudo y atado sobre la cama cuando, al cabo de 24 horas, entraron en su habitación con las llaves de la Gobernanta, que los llamó cuando oyó los gritos del pobre Eusebio.

            Ni que decir tiene que no había ni rastro del cupón y que Eusebio no olvidó nunca su gran noche, aunque a decir verdad, le salió bastante cara.

 

En el Caribe, Vanesa y Mauricio brindaban,  días más tarde,  por su benefactor.

 

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 - Araceli García López - Palma de Mallorca.  (Publicado en la Antología Humor con extrema - unción. Mérida - Venezuela 2006)